No es tan difícil, forastero… nomás tienes que colar por el cedazo cada maldita palabra que vayas a soltar, como quien tamiza oro en el río hasta que no queda ni una pepita de más.
Un reloj que late como si tuviera corazón propio.
Sombreros colgados en la penumbra de una estación olvidada.
El zumbido eléctrico de una ciudad que no duerme.
Un mapa dibujado al revés.
Tres monedas antiguas girando sobre una mesa de madera.